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EL DORADO DEL PADRE GUMILLA, año 1745
.....Pero recojamos ya las noticias del célebre Dorado ó Ciudad de Manóa, separando al mismo tiempo las cosas fabulosas de las probables, reteniendo éstas, y despreciando aquellas. El que recorriere las Historias que tocan á Tierra-Firme y al Nuevo Reyno, verá que esta voz Dorado —tuvo su orígen en la Costa de Cartagena y de Santa Marta: pasó á la de Velez, y de ésta á la de Bogotá, que es la Capital del Nuevo Reyno. Puestos allí, corrió que el Dorado estaba en el ameno y fértil Valle de Sogamoso; y llegado que hubiéron á él, halláron que el Sacerdote, que en un gran Templo presidia para ofrecer su oblacion, se untaba á lo ménos las manos y la cara con cierta resina, y sobre ella le soplaban con un cañuto polvos de oro, que con facilidad (como dixe) se laban y entresacan de las playas de muchos rios; y de aquí tomó su denominacion el famoso Dorado, segun esta opinion.
Es verdad que Fray Pedro Simón en su Historia del Nuevo Reyno quiere que este nombre Dorado se excitase en Quito, donde el Teniente Velalcázar llamó así á todo el Reyno de Bogotá; y que Pedro de Limpias estendiese despues la fama de él en la Provincia de Venezuela, de donde se excitó el viage de Felipe de Utre; pero poco le hace saber el lugar del orígen del nombre, que fué y es hasta ahora célebre: mas no era este Dorado el que estaba ideado en la mente de los que le agenciaban: lo que con ansia y á todo costo buscaban, era un valle y un territorio con peñascos y guijarros de oro; y tantos quantos se podian desear, y nada menos ofrecian los Indios que iban conquistando; porque estos, viendo que lo que mas apreciaban aquellos forasteros era el oro, á fin de que dexando sus tierras se ausentasen á otras, pintaban con muy vivos colores la copia de oro del País, que les parecia mas á propósito para estar mas libres de sus huespedes; y permitia Dios que los Españoles creyesen tan sériamente dichas noticias, para que se descubriesen mas y mas donde rayase la luz del Santo Evangelio, como por su bondad rayó, creció y llegó á claro y perfecto dia, mediante la predicacion de muchos Varones Apostólicos, que reputáron el oro por lodo á vista de la presiosidad de tan innumerables almas. Entre tanto se excitó y tomó cuerpo la fama, de que vencida y pasada aquella gran Serranía, coronada de eminencias, que mantienen todo el año y perpetuamente la nieve, estaban unos dilatados llanos muy poblados, en donde estaba el Dorado tan ansiosamente deseado, y luego salió Quesada con doscientos Soldados para el descubrimiento. Dia del Apóstol Santiago descubriéron desde una alta cumbre aquellas llanuras, cuyo aspecto (á lo léjos) es como el Occeano al pié de aquella gran cordillera de Serranías fundáron los dichos exploradores la Ciudad de Santiago, llamada de las Atalayas, para dexar memoria del dia en que avistáron los llanos, y del fin á que se enderezó su árduo viage, que fué atalayar y descubrir el Dorado: la qual Ciudad hasta hoy persevera en el sitio que demarca el Plán, como memorial perpetuo, y reclamo que con el tiempo excite y llame nuevos Atalayadores y Exploradores de aquel incógnito tesoro; el dicho Quesada —con increibles trabajos penetró los bosques del Ayrico; y perdida casi toda su gente, salió á Timaná el año 1541.
En este año con horrendo viage desde el Perú por el rio Marañón salió á la Costa, y no paró en busca del Dorado el animoso Orellana; pero en vano. Al mismo tiempo Felipe de Utre con ciento y veinte hombres, ansioso de que Quesada no fuese solo en el interés y honor, salió en su seguimiento desde Coro, Ciudad de la Provincia de Venezuela; y con el aviso que un Cacique le dió de la gran pérdida y muertes de los Soldados de dicho Quesada, tomó el rumbo al Sudueste216, siguiendo al rio Guabiari; y segun concuerdan así el Reverendísimo Fr. Pedro Simón, como el Ilustrísimo Piedrahita, llegó Utre á vista del primer Pueblo de los Omeguas, Enaguas ó Manoa, donde saliéndole como unos quince mil Indios, los rechazó Pedro de Limpias con treinta y siete Soldados. Utre y el Capitan Artiaga estaban heridos desde el dia ántes, y así no saliéron al Cuerpo; allí supieron por mayor las muchas Ciudades y tesoros de aquella Provincia, por lo qual saliéron á buscar mas gente para volver á la empresa, pero Caravajál, Gobernador intruso en Coro, quitó cruelmente la vida á Felipe de Utre, y cortó enteramente esta gloriosa empresa año 1545, que no hay fiera tan sangrienta como la envidia.
En el Perú, el Marqués de Cañete dispuso la entrada al Dorado, á cargo de Pedro de Ursua, siendo guias unos Indios del Brasil, que se obligáron á ello; á la mitad del viage sus Soldados matáron á Ursua; y eligiéron en su lugar á Don Fernando de Guzmán. Aguirre tomó el nombre de Tirano, mató á Guzmán y á otros muchos: vió señas vastantes de los Omeguas; y no hizo caso, porque ya tenia ánimo de tiranizar la Tierra-Firme y el Perú; y viendo los Indios Brasiles, que ya dexaba á las espaldas los Pueblos del Dorado, se huyéron á sus tierras. Aguirre tiranizó la Margarita, y en Tierra-Firme prosiguió haciendo crueldades, hasta que infelizmente murió en la Provincia de Venezuela año 1557.
Despues Pedro de Silva consiguió del Rey Título de Adelantado, y con tres Naos, con mas de seiscientos hombres salió de San Lucar año 1569, y llegado á la Provincia de Venezuela, allí por falta de gobierno desertáron todos. Volvió segunda vez á España, consiguió volver con un Navío y ciento y sesenta hombres, y hecho á la vela llegó á la Costa de Paria, entró por las bocas de los Dragos al Golfo Triste, tan triste para él y su gente, que todos pereciéron á manos de los Indios de Guarapiche, y á fuerza de hambre, ménos el Soldado Martin, de quien hablé en el capítulo diez y siete.
Con el mismo fin del Dorado (aunque baxo del Título de Fundador de la Guayana en Orinoco) salió en el mismo año el Capitan Serpa del Puerto de San Lucar, y tuvo tan lastimoso fin, como Silva, con poca diferencia; omito los intentos de otros, á quienes el famoso Dorado inquietó mucho, aprovechó nada, y les costó la vida.
Ahora importa que entresaquemos el grano de la paja, y exâminemos si hay algo sólido en el referido epílogo de noticias, en que los Autores citados gastan muchos pliegos. Mr. Laet despues de recopilar las diligencias, costos, pérdidas de Navíos, Soldados y tripulacion, que en busca del Dorado consumiéron los Ingleses, de que hablé en el capítulo primero de esta Obra, concluye diciendo: «¿Y después de todo esto se duda si hay tal Dorado en el mundo, ó no?»
Yo veo el viage de Felipe de Utre, referido con tanta individualidad por terrenos, en gran parte reconocidos por los Padres Misioneros de mi Provincia, y por mis ojos mismos, y hemos hallado señas tan fixas del tal viage, que no me es factible negarlo (ni los Autores le niegan; aunque el Reverendísimo Fr. Pedro Simón da vastantes señas de tener por mera aprension dicho Dorado) Fuera de esto, he visto en la jurisdiccion de Varinas, en las Misiones que en la Serranía de Pedraza cuidaba el Reverendo Padre Fray Miguél Flores, de la esclarecida Orden de Predicadores, en que murió á manos de los Indios: vi, digo en el año 1721 los falconetes de bronce de á dos en carga, que Utre entre otras cosas había prevenido para su viage, que sin falta hubiera hecho, si la envidia de sus émulos no le hubiera quitado la vida: vi y traté al Venerable Padre Joseph Cabarte, que gastó treinta y nueve años en Misiones en el Ayrico, Guaviari, Ariari y Orinoco derrota (que siguió Utre) el qual Venerable Misionero estubo firme siempre, en que aquel era el rumbo para ir al Dorado: vi y aun dexé vivo á un Indio, agregado á la Mision nuestra de Guanapalo, en el río Meta, al qual catequizó y bautizó dicho Padre Cabarte; el qual protestaba, que fué cautivo de edad como de quince años; y que en la Ciudad de Manóa ó Enaguas había sido esclavo otros quince años; y que á instancias de otro Indio esclavo, que sabía el camino, se huyó con él y otros tres; y con ser así que el tal Indio que en el Bautismo se llamó Agustin, no sabia palabra de la lengua Española, nombraba los sitios donde durmieron los veinte y tres días, que desde el Dorado gastáron hasta las márgenes del Orinoco, dándoles los nombres Castellanos que solo Utre en su derrota les pudo imponer, y eran: el Ormiguero, el Almorzadero y los demás á este tenor. Mas el tal Indio Agustin referia las mismas grandezas de los tesoros, y multitud de gente, que el Cacique de Macatóa contó á Utre, persuadiéndole que trahia poca gente para tan grande empeño: fuera de esto, dicho Agustin pintaba muy por menor el Palacio del Rey, los Palacios y Huertas para su diversion en el campo; y tales individualidades, que un bozal no es capáz de fingir, ni tenia motivo para ello; y así creo que de todos los que buscáron el Dorado, el que mas cerca estubo de él, fué Utre; y que sus noticias roboradas con las que dixe y diré, no son despreciables.
En las otras noticias que los Indios del Brasíl diéron al Virrey de Lima, Marqués de Cañete, no hallo los motivos que noté en los demás Indios, para engañar y echar de sus tierras á los Españoles con el relumbrón del Dorado; porque dichos Brasiles siguiéron en su modo de el genio de todos los Americanos naturales; porque estos son en sumo grado vengativos; y quando por sí no pueden vengar los agravios recibidos, se ingenian, y con buen pretexto buscan quien los vengue. De aquí nace en los Jueces prácticos, que quando oyen la acusacion que hace un Indio contra otro, se ponen á pensar; y ántes de responderle, pasan á averiguar, ¿qué agravio hizo el acusado al acusador? y ciertamente hallan que el acusado hizo algun daño al que acusó. Digo pues, que como los tales Indios Brasiles, por no tener buen terreno, saliéron á buscar fortuna en gran número, y fuéron los mas de ellos, ó casi todos, muertos por los Omaguas del Dorado: viendo que el único metal, de que fabrican sus herramientas, es oro, y que las estatuas de sus templos eran de oro etc.; y sabiendo la buena voluntad con que los forasteros buscaban este noble género, saliéron al Peru, buscando despique á sus agravios, so capa de los tesoros de los Omeguas; y creo que si Ursua hubiera vivido, no hubiera omitido el entrar por aquellos anchos y trillados caminos, por donde Aguirre no quiso entrar, por estar ya encaprichado en su Reynado fantástico de la Tierra-Firme y del Perú; y el haberse los tales Indios Brasiles retirado, luego que viéron que Aguirre, sin hacer caso de su aviso, tiró rio abaxo, es para mí prueba efiicaz, de que el denuncio del Dorado era sério y verdadero, á trueque de vengarse los denunciantes; el que ha vivido algunos años con Indios, conocerá bien la fuerza de esta reflexîon.
Del mismo principio infiero, que toda la relacion acerca de los tesoros y multitud de gente del Dorado que el Cacique de Macatoa dió á Felipe de Utre, fué verdadera en todo; porque por lo que mira al gentío, luego al punto tuvo Utre sobre sí quince mil Omeguas solo de aquella primera Ciudad, y fué menester todo el valor de tan corto número de Soldados, para resistir, desbaratarlos, y hacerlos retirar. Por lo que mira á las muchas riquezas del tal Pais, concuerda la declaracion del tal Cacique, con la que los Brasiles diéron al Virrey de Lima, y con la fama comun, que tan válida y estendida estaba ya.
Ahora, considerando yo lo que sucede á los Padres Misioneros (y me ha sucedido muchas veces) que despues de ganadas las voluntades de los principales Indios de una Nacion recien descubierta, si la Nacion que se sigue está de guerra con ésta, ó la da mal vecindario, luego al punto dan cuenta de la tal Nacion, dónde viven, y por qué camino se puede ir; pero si son amigos de la dicha Nacion, nadie avisa; y aunque el Misionero pregunte, todos niegan, hasta que con el tiempo reconocen que el Padre solo busca su bien espiritual, y entónces dan noticia de la Nacion vecina. Supuesta esta verdad tan experimentada, concedo que Utre daria al Cacique de Macatoa muchos regalos para ganarle la voluntad; pero este medio no vasta para que avisen la verdad; porque tambien los Misioneros dan semejantes regalos, y como vimos, no avisan, sino es para vengarse, ó para sacudir el yugo; de que se sigue, que este Cacique, aunque por tener ménos vasallos, no estubiese en guerra con los Omeguas; á lo ménos por ser estos los dominantes, estaba mal con ellos; ó porque tal vez era su tributario, ó porque le hacían daño á sus sembrados, ó porque les llevaban por fuerza las mugeres, (como con muchas Naciones del Orinoco lo practican los Indios Caribes) ó por otros motivos; y creyendo el tal Cacique, que podrían aquellos forasteros, si volvian con mas prevencion de Soldados, vengar sus injurias, y sacudir el yugo de su pesado vecindario, abrió su pecho, y dixo á Utre todo quanto sabia, y le rogó encarecidamente, que con tan pocos Soldados no se empeñase: le asistió con bastimentos, le dió guias para su vuelta, y otras finezas usó tales, que á no estar mal con los Omeguas, estoy cierto que no las hubiera hecho.
Por otra parte no cabe el decir, que como Indio, todo lo hizo por miedo de las armas de Utre; porque con mostrarle á éste buena voluntad, y avisar de secreto á los Omeguas (cosa muy usada entre los Indios Gentiles) de un solo asalto, hecho de noche, quedaba Utre destruido, y el Cacique de Macatoa con mucho mérito para con los Caciques ó Régulos del Dorado; y así él declaró la verdad, por lo que ya llevo dicho.
Ahora, juntando la declaracion del Indio Agustin, que fué tantos años esclavo en la Ciudad Capital del Dorado, con la de los Indios Brasiles, con la del Cacique Macatóa, y con lo que219 viéron, padeciéron y declaráron Utre y sus treinta y nueve Soldados: los quales, como dice el Ilustrísimo Piedrahita, Fr. Pedro Simón, y la tradicion que dura hasta hoy, viéron desde un alto competente gran parte de aquella primera Ciudad, y no toda; porque la misma extension de ella impidió la vista: la qual extension concuerda con el numeroso Exército, que prontamente salió contra Utre. Digo que estos testigos y circunstancias, juntas con el dictámen constante del P. Joseph Cabarte, fundado en su larga experiencia de Misionero, en casi quarenta años de tratar y trabajar entre aquellas Naciones, por donde fué el derrotero de Utre; este agregado de cosas constituye un fundamento grave á favor de la exîstencia del Dorado, y una probabilidad no despreciable: la qual, si viviera hoy Monsieur Laet, y la tanteara, depusiera su duda, y el R. P. Fr. Pedro Simón depusiera su incredulidad á vista de estos sólidos fundamentos.
Yo hallo una gran disparidad entre las declaraciones que hacian los Indios en sus Patrias acerca del Dorado, y las que dexo notadas de Agustin de los Indios Portugueses etc. Las primeras (como muy bien nota Fr. Pedro Simón) eran á fin de apartar de sí á los Españoles; estas otras, como dixe, eran á fin de vengar sus agravios, y buscar su conveniencia: fuera de que no hay razon para que se desprecie, y se dé por nula la declaracion de Utre, y los demás Gefes y Soldados de su Compañía, y mas roborándola mucho aquella ansia de volver segunda vez á emprehender con mas prevencion la jornada, que atajó la muerte de Felipe de Utre á manos de la envidia; mas, la copia y multitud de Indios Omeguas, Omaguas ó Enaguas, que se dice haber en aquel Pais, no la estrañará quien supiere, que todo el Nuevo Reyno de las Provincias de Quito y de las del Perú, viendo aquellas Naciones, que no tenian fuerza para resistir á los Conquistadores, gran número de gentes de ellas se retiráron á los Andes y á aquella cordillera de Serranías, que divide los Llanos inmensos (de que hablé ya) de los Reynos de Bogotá, de Quito y del Perú; y pasados los Andes, formáron sus poblaciones tan numerosas, como de lo dicho se infiere: fuera de que, como lo restante de aquel Pais está poblado, tambien hallarian Pueblos antiguos aquellos Indios forasteros, á que se irian agregando.
En fin, la riqueza y tesoros que la fama publicó del Dorado, es ménos de estrañar; porque aunque no hemos de creer que los cerros son de oro, vasta que se halle tanto como en el Chocó, Antioquía, Valle de Neyva y en otras muchas Provincias del Nuevo Reyno; la qual riqueza, junta con el tesoro, que los muchos Indios, que se retiráron, precisamente lleváron consigo, hace un buen equivalente á lo que se dixo, y dice del famoso Dorado. Todo lo qual he querido apuntar, porque tal vez con el tiempo moverá Dios nuestro Señor algún corazón magnánimo á descubrir aquellas Provincias, y se abrirá puerta para que entre en ellas la luz del Evangelio...
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